Un robot que escucha una historia, contada con la voz o en lengua de señas, la imagina y la dibuja a lápiz sobre papel. Cada historia que recibe queda guardada aquí, con su dibujo, para que nadie la olvide.
En quechua, yachachiq es la persona que enseña, la que guarda el saber y lo transmite. Nuestro Yachachiq es un robot que hace algo parecido: recibe las historias que la gente le cuenta y las convierte en un dibujo hecho a lápiz, trazo por trazo, sobre una hoja de papel.
Lo construimos tres estudiantes del colegio Franklin Delano Roosevelt de Lima para la World Robot Olympiad 2026, en la categoría Future Innovators, cuyo tema este año es Robots Meet Culture: robots que se encuentran con la cultura.
En el Perú muchísimas historias viven solo en la memoria de quien las cuenta. Se pasan de abuelos a nietos, en castellano o en quechua, y cuando esa persona ya no está, la historia se va con ella. Queríamos una máquina que invite a contar, que escuche con paciencia y que deje algo físico en las manos de quien contó: un dibujo de su propia historia.
También queríamos que pudiera contar cualquiera. Por eso Yachachiq entiende la Lengua de Señas Peruana: una cámara mira las manos de quien firma y el robot va leyendo, letra por letra, lo que le está diciendo.
Todo funciona sin internet. El robot escucha, transcribe, imagina el dibujo y lo traza con sus propios equipos. Cuando encuentra una conexión, sube las historias nuevas a esta página. Así puede viajar a una feria, a una escuela o a un pueblo alejado y seguir trabajando igual.
Alguien cuenta su historia. Aprieta el botón y habla, o se pone frente a la cámara y la cuenta en señas. El robot muestra en pantalla lo que va entendiendo.
El robot la imagina. Con lo que escuchó, arma una escena y la convierte en un dibujo de líneas, como los de un libro para colorear. Si la laptop no está, dibuja una escena andina con sus propios motivos.
La dibuja a lápiz. El plotter recorre el papel con un solo trazo continuo, sin levantar el lápiz, hasta terminar la ilustración. Toma unos minutos y se puede mirar de cerca.
La guarda. Una cámara fotografía el dibujo terminado y, si quien contó la historia está de acuerdo, todo se sube a este archivo apenas hay conexión.